Hoy vamos a reflexionar a partir de una historia real: Michael O. (nombre ficticio) trabaja en una empresa de sector servicios. Depende de la dirección y le anuncian que va a cambiar de manager. Cambios internos provocan que la antigua gerencia deje el cargo y se incorpore una nueva directiva. Podemos abordar esta situación frecuente a modo de entrenamiento. A quien lo desee, le invito a imprimirlo y a responder a las preguntas finales.

La cabeza

Inquietud e incertidumbre. “Qué cambios hará”, “¿Contará conmigo?”… Estas y otras frases aparecen en la cabeza de un profesional que es notificado de un cambio en su línea jerárquica. El peso de esta preocupación va a depender de varios factores, pero caben subrayar estos tres principalmente:

1. El grado de rigidez en el organigrama. Si el “jefe” tiene mucho peso, su cambio, pesará también. Si el organigrama es más abierto y la responsabilidad más compartida el peso será mayor.

2. El nivel de adaptación a los cambios del profesional; de apertura a lo nuevo, a la incertidumbre y al descontrol. Esto irá marcado por su trayectoria y sus experiencias previas, aunque es entrenable.

3. Las expectativas de ambos en el nuevo sistema que se va a generar. Es decir, qué va a esperar Michael de su nueva manager y a su vez, ella qué va a esperar de él. El gap percibido entre las expectativas presentes y las que se empiecen a cumplir en los inicios va a aumentar o disminuir el malestar.

En este punto es necesario subrayar que la experiencia de Michael con su anterior jefe marcará un listón. Como entenderá el lector, las relaciones que hemos tenido con nuestros anteriores jefes encauzan las expectativas que ponemos en la persona que se incorpora ante un cambio, resulta inevitable establecer comparaciones.

¿Oportunidades?

Parece que la llegada de un compañero siempre es una oportunidad para crear nuevos vínculos y abrir nuevos espacios a la creatividad y a la innovación. Es como cuando viajamos a un lugar nuevo y conocemos nueva gente. Podemos poner un muro para seguir en nuestra cultura y en nuestra manera de hacer o abrir nuestra mente al aprendizaje.

Resulta un desafío enorme, porque según como tengamos montado nuestro estilo de dirección y de auto-gestión y cómo nos relacionamos con nosotros mismos y los demás vamos a operar de una forma u otra.

En el caso que nos ocupa, nuestro manager Michael O. vive la sensación siguiente: llega un nuevo jefe que va a cambiar muchas cosas, no sabe si cuenta con él o no, si tiene presupuesto para su departamento o no, y cómo va a ser su carácter (si tan bueno como el del anterior o si será una persona amable y con habilidades de escucha), de otra manera no le conoce, no sabe cómo dirige y no sabe cómo llegar a comunicarse bien. ¿Te resulta familiar, verdad?

Imagina que llega un extraterrestre a tu casa. Una noche tranquila. Y entra en tu casa y te dice que va “voy a vivir contigo durante unos meses”. Y que además llevará la batuta de la casa durante ese tiempo. No puedes elegir. ¿Cómo reaccionas? En tu mente se activarán miles de sensaciones y pensamientos del tipo «y a este qué le gusta, cómo me dirijo a él, que me hará, me expulsará de la familia, cambiará la casa, contará más con otros que conmigo, etc.».

El aprecio y el miedo

La incertidumbre es un grano a la motivación, a la energía en muchos casos. A menudo provoca inacción, bloqueos; que nos quedemos parados y que hagamos cosas que nos alejan como profesionales, por ejemplo:

   «Hacer la pelota», o más sutilmente: provocar encuentros con el nuevo manager para ser escuchado y reconocido.

   Mentir sobre nuestro trabajo o sobre otros compañeros con el fin de sentirnos mejor, apreciados y fuertes.

   Escondernos, no participar, no dar nuestra opinión, no estar al 100%, por miedo probablemente a equivocarnos y no conocer la reacción del nuevo jefe.

   Hablar mal a otros del nuevo jefe (y ya de paso del antiguo).

–   Hiper-trabajar (lo que nunca habíamos hecho antes) para salir bien en la foto finish.

   Dejar de ser nosotros mismos: ponernos una máscara (más gruesa quizá de la que ya llevábamos) y convertirnos en alguien que no somos, traicionando nuestros principios.

   No advertir al nuevo de virajes demasiados rápidos o de paso lento. No ser valientes para decir lo que pensamos.

   Dejarle solo/a. No ayudar.

Todos estos modos de hacer que al lector no le resultarán extraños, lejos de generar profesionalidad, llevan al que los hace, en nuestro caso Michael O., a tener un profundo malestar como profesional, a cuestionarse su valía e incluso a plantearse la continuidad en el departamento y en la compañía.

En la segunda parte de este artículo conoceremos diferentes perspectivas en aras de la eficacia, la armonía empresarial y el bienestar profesional. Aún no hemos hablado del nuevo jefe, y a ella también le pasan cosas cuando toma el puesto.

Ahora invito al lector, ya que ha llegado hasta aqui, a que reflexione sobre estas cuestiones:

   ¿Has vivido algo parecido en tu carrera profesional? ¿Cómo actuaste? ¿Cómo lo harías ahora si pudieras volver atrás?

   ¿Qué estilo de dirección conviene en este momento?

   ¿Cómo ayudar a un nuevo profesional que cambia de jefe? Seguro que tienes así gente a tu alrededor.

   ¿Cómo sembrar semillas que lleven a cultivar una buena relación desde el minuto uno?

   ¿Qué errores se deben evitar?

   ¿Cómo puedes ayudar al nuevo jefe a integrarse perfectamente?

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