La semana pasada una colega me inspiró este título en una conversación. «Oye Guillermo, ¿y para motivar seguís hablando de lo mismo que cuando empezamos en las empresas hace 20 años?». Tras una leve sonrisa, entramos en materia. Al final me dijo: «Si publicas algo de eso, es como cuando se hace una receta, ¿no? Para motivar ponga en el robot de cocina 150 gramos de valores».

Iré al grano. ¿Cuáles son tus valores? ¿Cómo están presentes en tu profesión? Es increíble cuantos de nosotros no hemos considerado en nuestra profesión algunas cuestiones relevantes. Sobre todo por el porcentaje de vida que destinamos al trabajo. Bien merecen un poco de atención, ¿no?

¿Por qué son tan importantes los valores? Espera, antes de seguir leyendo, piensa unos instantes. La pregunta tiene miga, ¿verdad? Los que me conocéis personalmente o habéis participado en alguno de mis cursos ya lo habréis escuchado muchas veces.

Los valores hacen que valga la pena trabajar. El trabajo es duro. La vida a menudo también. Los proyectos de cualquier trabajo, por sencillo que sean requieren esfuerzo. Criar un hijo, construir una familia, una empresa… Todos resultan enormes desafíos.

Los valores siempre están. Los adquirimos por oposición a lo que hemos vivido o por sintonía. Siempre hay valores, incluso en las condiciones más complejas. Esta idea parte de la propositividad del ser humano y de que buscamos progresar y mejorar como especie. Pensamos y solucionamos problemas con el lenguaje, tenemos la capacidad de hacer planes y de enfrentarnos al dolor a corto plazo (por ejemplo ir al dentista) en aras de un bien mayor (nuestro o de un tercero) a largo plazo.

Los buenos líderes tienen claros sus valores y pasan la mayor tiempo de su día a día haciendo comportamientos valiosos. Los gobernantes mediocres se guían por otras cosas: el ego, emociones instintivas que les invitan a robar, engañar, mentir, manipular, esconder, etc. Así, los valores son tan importantes por una sencilla y potente razón. Actúan como los motivadores principales de nuestras acciones. Igual no me apetece nada escuchar a un colaborador, pero como valoro el respeto, ese valor me proporciona la voluntad de escucharle con suma atención.

La dirección de equipos no está exenta de grandes quebraderos de cabeza. Y muy bien acompañados de enormes momentos de gratificación. Todos estos momentos se apoyan en los principios motores del que ejerce el liderazgo. Es lo que algunos llaman valores, otros principios… No importa en este momento la diferencia semántica (que existe) sino la función que tiene en el buen gobierno de los negocios.

Los valores podemos considerarlos como los deseos más profundos de ti. Cómo quieres ser, lo que merece la pena, lo que te hace vibrar… Unos principios fundamentales que pueden guiarnos y motivarnos en nuestra profesión. Cuando vas por tu empresa guiándote por tus valores, no sólo tienes una sensación de plenitud, sino que también experimentas en tu vida riqueza y sensación de significado, incluso aunque te estén pasando algunas cosas malas.

He tenido momentos donde me sentí muy sólo y no apreciaba ejemplaridad a mi alrededor. Más bien mentira y engaño. Tuve muchas ganas (e incluso algunos días actúe así) de abandonar el trabajo y dedicarme a pasar el día. Pero un día, hablando en una comida con un gran amigo, tomé perspectiva y me di cuenta que el camino, a pesar de todo, era seguir contribuyendo y ayudando a tanta gente que lo necesitaba. Así me puse manos a la obra y trabajé como el primer día para sacar el máximo de proyectos adelante hasta que cambié de profesión y de multinacional.

Este ejemplo personal puede ayudar a comprender la influencia de los valores. Y atención, también del peso de las emociones ineficaces que pueden hacer girar la conducta valiosa de uno mismo. Incluso cuando la vida nos trata con dureza, podemos vivir conforme a nuestros principios. Incluso en momentos muy duros y complicados uno puede desempeñar un gran trabajo.

Mi hermano es otro gran ejemplo. Con muchas dificultades, ha sido constante y fuerte en sus diferentes trabajos. Creerme que no se lo han puesto siempre fácil. Y ahora, recientemente ha dado un paso de gigante: al fin se embarca en un gran proyecto profesional y personal que tiene mucho sentido para él y que ayudará a muchas personas con problemas de audición. Le he visto llorar, sudar, viajar a horas intempestivas, noches largas sin dormir hasta acercarse a este momento.

Todos tenemos ejemplos parecidos en nuestro entorno. Profesionales que ante lo duro, no se ablandan. Que experimentan el poder del largo plazo y de la satisfacción de ser fiel a sí mismo.

Es importante aclarar que los valores no son los mismo que las metas. Un valor es una dirección. Es la punta de la flecha de la brújula. Es un proceso constante. Nunca se llega al norte. El norte nunca acaba, nunca llega a su fin. Siempre hay más norte. El deseo de ser un buen compañero es un valor. Nunca se termina. Se puede estar toda la vida con ideas para ser buen compañero. Ayudar a un colega en un trabajo difícil es una meta o un objetivo. Cuando se ha hecho, se termina.

Un objetivo es por tanto un resultado deseado, se puede tachar de la lista. Si quieres un trabajo mejor, una vez que cambies, objetivo logrado. Si tu valor es ser cuidadoso y detallista, esto son valores. Da igual las veces que cambies de trabajo: siempre podrás ser cuidadoso y detallista.

Ahora la parte práctica:

1. Tome papel o boli ( o mejor aún, si diriges personas invita a hacerlo a su equipo) y responde:

– ¿Qué es en el fondo importante para mi?
– ¿En qué quiero que consista mi trabajo?
– ¿Qué tipo de profesional quiero ser?
– ¿Qué tipo de relaciones quiero construir?

Quizá no tengas todas las respuestas. Es un buen momento para enriquecerlas entonces con algún colega, con un superior jerárquico…

2. Entiende que para poder actuar conforme a valores, primero hemos de contactar con esa experiencia de «¿Cuáles son mis valores?».

3. ¿Qué metas tendrías para los próximos 10 años y tu equipo?

– ¿Que es valioso para tu equipo?
– ¿Serías capaz de indicar tres valores de cada uno de tus colaboradores directos?

4. Imagina que tienes ochenta años y que miras tu profesión hacia atrás, tal y como estás ahora trabajando y después completa las frases con honestidad:

– Pasé demasiado tiempo preocupándome por…
– Dediqué poca energía a hacer cosas como estas…
– Si pudiera volver atrás muchos años…

5. En los talleres de formación realizamos algunas preguntas importantes. A través de estas preguntas puedes ver si tu o tu equipo tenéis los cimientos para desarrollar resultados sostenibles a largo plazo.

– ¿Crees que tus valores están verdaderamente alineados con la organización en la que trabajas?

– ¿Sientes que te comportas de diferente manera en tu vida profesional que en la personal?

– ¿Tu equipo y tu entorno conoce con certeza cuáles son tus valores más relevantes?

– ¿En general te comportas en tu vida atendiendo a unos objetivos relacionados con valores?

– ¿Has identificado las vivencias de tu historia personal que han conformado tus principios?

Puedes leer a Carmen Luciano, Russ Hurris, Steven Hayes, Christophe Le Buhan para conocer más sobre valores en las organizaciones.

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