Francisco, mando intermedio de veintitrés años, dice: “Me siento a menudo solo com mi equipo. Creo que si tuviera una mejor opinión de mi, más seguridad, sería un mejor manager. Más exigente y honesto. Pero siempre me echo por tierra. Necesito más autoestima y motivación. Y mi jefe no me motiva”.

La idea de autoestima y de la motivación es como una epidemia. Como ilustra el ejemplo real de Francisco, ambos conceptos son los responsables de todo. Si un jefe es un mal líder es porque no sabe motivar; a los que nos dedicamos a formar se nos pide regularmente cursos de “motivación”.

Los clientes a menudo me dicen que quieren estimularla para que sea lo más “alta posible”. Y yo les pregunto prudentemente “¿qué significa para vosotros la auto estima?». No recuerdo donde, pero alguien escribió una definición muy sencilla: la autoestima es la opinión que uno tiene acerca del tipo de persona que uno es. Una alta autoestima equivaldría a una opinión alta. Una baja autoestima es una opinión negativa de uno mismo.

Entonces es interesante subrayar que no es un hecho objetivo sino más bien un conjunto de ideas y creencias que tenemos sobre nosotros mismos. Muchos managers se etiquetan en un tipo de liderazgo sin fundamento claro, por el mero contacto con alguna experiencia difícil en su carrera profesional. Lo que acaba generalizando un estilo de dirección que lejos está de sus verdaderas capacidades.

De ahí la importancia de, sobretodo en los primeros años de puesto de dirección de personas, ser acompañado por un buen líder, un coach o un mentor que ayude a las labores de espejo para que este reflejo ayude a tomar consciencia de las oportunidades enormes que tendrá para mejorar. De esta manera el relato construido por la persona puede ser “tocado” para hacer mejorar sus capacidades, basándose en evidencias y entrenando destrezas.

Imaginemos ahora que decidimos que queremos tener más autoestima, aumentar nuestra motivación. ¿Cómo hacemos para conseguirlo? Lo que tendemos es a razonar, a dar explicaciones y argumentos. A intentar, a través del a conversación, modificar sus ideas para que acabe concluyendo “¡Sí, estoy motivado! Voy a atender bien a este cliente, a este usuario…”. También podemos llenarnos de pensamientos positivos sobre nosotros “de qué me quejo, tengo un buen trabajo, estable, mi equipo es simpático… eso significa que soy buena persona y un buen responsable de equipos».

Podemos creernos esto, entonces nuestra motivación aumentará. La dificultad es que con esta actitud, venga de nosotros mismos o de nuestros superiores, debes estar constantemente demostrándote que estás motivado. Y buscando retroalimentación exterior que te ayude a reforzarte en estas ideas. Esto consume mucho tiempo y esfuerzo. Un manager puede pasar muchas horas diciendo cosas a sus equipos en aras de aumentar la motivación. Es una partida interminable.

Lo cierto es que podemos encontrar infinidad de historias buenas y malas que contarnos sobre nosotros mismos. “Como has podido ser tan estúpido” ¿A que es una frase que podrías decirte ahora mismo si piensas en algo que has hecho la última semana? Pero mira, “estoy orgulloso de esto» también encontrarás una historia que justifique esta frase. Te invito a tomar unos instantes para ello. Al escribir estas líneas me he tomado la molestia de hacerlo para las dos frases y me han salido 3 o 4 momentos que podrían llevarme a estas dos frases.

Así que… Olvídate de la autoestima, ¡de la tuya y de tus empleados! Si te falta autoestima, estás abatido, hundida, o sin esperanza laboral, tu equipo te traiciona, tu jefe te miente, tu trabajo te aburre y tu te esfuerzas por mantener en estado de ánimo «a tope»¡Cuanta energía estás consumiendo!

Y hoy sabemos que los estados de ánimo vienen y van como las nubes. Y que no siempre podemos tener nuestras ideas sobre nosotros mismos bajo nuestro control. Un directivo recibe miles de inputs de fuera y dentro de su trabajo que acaban tejiendo una enorme red de ideas que desembocan en muchos pensamientos.

Quizá puedas probar otra cosa. Contigo y con los colaboradores de tu equipo. Partamos, sólo como hipótesis que tener motivación o no tenerla no está relacionado con la posibilidad de tener una vida profesional rica. Supongamos que tendremos días con muchas sensaciones agradables (autoestima, motivación, energía, ilusión, optimismo, etc.) y que otros días tendrán más bien sensaciones que no nos gustan (tristeza, desilusión, etc.).

En primer lugar saca a relucir tus valores, lo que da significado a tu trabajo. Y emprende alguna acción que encaje con estos valores. Dale realce a tu vida profesional haciendo lo significativo para ti. Si es enseñar, pasa tiempo con tu equipo; si es aprender, dedica un poco de tiempo a estudiar; si es dejar un legado empresarial, plantea una estrategia amplia socialmente. Y cuando por error te desvíes de estos principios, no te creas todos los juicios terribles que te harás sobre ti.

Reflexiona con tu equipo sobre estas líneas. Sobre Francisco. Si nos apartamos de la guerra para ganar motivación quizá, y sólo quizá, al movernos por el camino valioso, entonces ésta aparezca con más fuerza que nunca.

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