La anhedonia se puede definir como la incapacidad de disfrutar de actividades que al inicio resultaban gratificantes

Cuando dirigimos equipos no cabe duda de la gran cantidad de momentos de satisfacción que tenemos, especialmente cuando vemos cumplir las metas de nuestros colaboradores, les vemos aprender y disfrutar con entrega de su profesión. Imagine además que acaba siendo un referente personal para su equipo. Es un legado que indiscutiblemente deja una impronta en el manager

Cierto es también que la dirección de equipos genera no pocas preocupaciones, tensiones y estados de alerta que fluctúan por el devenir de las relaciones humanas, las presiones financieras y los cambios estructurales en los equipos y en las organizaciones. 

Por lo tanto, es frecuente la anhedonia del manager: ese efecto que provoca que lo que era “vocacional” como dirigente de equipos, desarrollador de personas o directivo coach acaba siendo para algunos una fuente de estrés e insatisfacción¿Por qué ocurre?

Desarrollar la destreza de la conexión y estar centrado en los quehaceres de un manager juega un papel vital para el directivo. Cuantos más nos centremos en el sentido que tiene para nosotros el dirigir equipos, más será esta profesión gratificante para nosotros y le dotaremos del significado cotidiano, a pesar de las dificultades diarias. 

La tentativa de evitar las tensiones y las preocupaciones derivadas de gestionar personas está ahí cada día. Cada mando lo hace de diferentes formas. 

Por ejemplo, Saúl lleva un equipo de 29 ingenieros a su cargo. 2 personas de su equipo no terminan de funcionar según sus expectativas. Saúl ha tirado la toalla y ha decidido dejarles de hablar. Preso de su rabia y frustración podríamos decir que desconecta del significado que tiene para él el desarrollo de personas y cae preso de sus impulsos y emociones.

Ese el germen del mal de la anhedonia. Afortunadamente es una destreza el tomar conciencia de lo que ocurre con nuestros equipos, de los momentos que vivimos con ellos y donde nos activan esas frustraciones que pueden llevarnos a actuar en contra de nuestros principios.

Supongamos esta otra alternativa para Saúl: a pesar de tirar la toalla, mantiene su saludo, sus modales con estas personas o intenta cultivar una relación equilibrada con exigencia y cercanía. O, de otra forma, pide ayuda a su organización para poder afrontar la situación. 

Llegados a este punto, le invito a preguntarse y reflexionar:

¿Qué sentido tiene para mi gestionar equipo?
¿Estoy centrado/a con cada uno de ellos?
¿Existen personas invisibles o tapadas por mi conducta?

Son preguntas rápidas de leer pero más complicadas de contestar.

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