Tendemos a llevar una vida centrada en nuestros objetivos y metas. Algunas a largo plazo pero la mayoría a medio y corto. Además, muchas de ellas se enmarcan en términos de poder, estatus y riqueza. Eso no tiene nada de malo, salvo cuando nos desconectan de nuestros valores y nos arrastran a hábitos que nos atrapan. Por ejemplo, en el clásico síndrome de la adicción al trabajo. 

Por eso defiendo una profesión de líder centrada en sus valores. Sí, marquemos metas, pero guiados por nuestros principios. Y si no están claros, tomemos el tiempo necesario para desenterrarlos

Así las metas serán mucho más significativas. Nuestra labor como jefe será más satisfactoria, y podemos estar seguros que los resultados serán mejores, más durables en el tiempo y barnizados con el orgullo de haberlo hecho «bien»

Tener los valores muy presentes invita a estar más motivado a alcanzar los objetivos que se marque. Para llegar a los valores que se ocultan tras un objetivo, es preciso preguntarse «¿qué utilidad tiene este objetivo?», «¿qué te permitiría hacer que fuera realmente con mucho significado?».

La mayoría de los managers van por la vida con demasiado miedo para mostrarse a los demás tal y como realmente son. El coste es enorme, ya que acaban desconectados de la gente que les rodea, de sus equipos y sus relaciones carecen de cualquier tipo de intimidad, confianza y transparencia

Deja de ponerte una máscara, y que la gente empiece a conocerte tal y como eres. Sé abierto, sé real y auténtico. Y empieza a distanciarte del “no les gustaré, no me respetarán, no me harán caso, no me valorarán, no me aprobarán…”.

Tus valores siempre están contigo. Alcances todos los objetivos que te propongas, siempre habrá un más adelante. Ser fiel a tus valores siempre es rentable.

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