El conocimiento de sí mismo y la propia identidad son temas centrales en todos los managers de equipos tratados en los cursos de formación. La mayoría de los managers y mandos intermedios tienen dificultades para percibir bien sus emociones y pensamientos; muchos están confundidos por las evaluaciones negativas sobre sí mismos o baja auto-eficacia; otros no llegan a sentirse estables; otros están luchando para encontrar un equilibrio entre el apego y la diferenciación en sus relaciones profesionales; otros no llegan a participar en acciones valoradas si contradicen la imagen que tienen de sí mismos o la que desean proyectar ante sus superiores.

Las cuestiones relacionadas con la identidad y la noción de auto-imagen emergen de los procesos del lenguaje que, digamos, no distingue adecuadamente las experiencias psicológicas (emociones, pensamientos, sentimientos) de la observación de estas experiencias (léase a Carmen Luciano o Bárbara Gil para más información).

Cuando luchamos con lo que pensamos, sentimos y hacemos, perdemos la libertad de ser el profesional que deseamos ser y avanzar en nuestros objetivos (puede informarse también leyendo a Claude Arribas). Las experiencias difíciles que acompañan inevitablemente nuestro desarrollo profesional se perciben como demasiado dañinas.

Por eso cada vez más profesionales que nos dedicamos a entrenar equipos y personas nos entregamos para ayudar a construir una identidad que permita al profesional ser a la vez estable y flexible; responsable y compasivo; conectado y diferenciado. En mi entrenamiento en varias disciplinas (psicología, coaching sistémico, terapias contextuales, habilidades de relación con Joan Quintana) veo muy útil en particular, el entrenamiento en la toma de perspectiva y pensamiento integrador que despertamos a través de ejercicios prácticos y conversaciones naturales. 

De ahí la importancia de establecer de forma ordenada con cada manager las etapas de entrenamiento para que salgan a relucir sus barreras, sus cualidades, sus experiencias y sus motores y principios. Para que así, y todo junto de forma indisoluble, le permita dirigir bien a sus colaboradores, establecer metas coherentes y consistentes y por supuesto crear un equipo robusto que se acerque lo máximo a los objetivos de su organización de una forma ética y responsable. 

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